miércoles, 2 de marzo de 2011

ACONTRACORRIENTE

CORDERO Y SUS MENTIRAS

Manuel del Ángel Rocha


“Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa donde podemos agarrarnos para enraizar, esta muerta”. Coronel Terreros a Juvencio Nava en ¡Diles que no me Maten!, El Llano en Llamas, Juan Rulfo.

Lapidario es aquel pasaje del cuento ¡Diles que no me Maten!, del inconmensurable Juan Rulfo en el Llano en Llamas, que representa la mejor fotografía de la orfandad de un individuo inerme frente a las vicisitudes de la vida.
Pero ese sentimiento de soledad también nos invade al escuchar las declaraciones de los flamantes funcionarios federales que acompañan al presidente Calderón en su responsabilidad pública, que nos lleva a la conclusión de afirmar que los graves problemas de integración social-cultural del país han desembocado en una crisis sistémica, que disloca la lógica de la estructura del Estado mexicano, al grado de llegar a ser un Estado “fallido”, o como lo sintetizan algunos analistas, un Estado “ausente”.
Y aunque parezca extremo, nos sentimos desamparados. El país esta convulso y se desangra a cada rato con la muerte de sus hijos que se cuentan por miles, en cualquier rincón del territorio nacional. Inseguridad a borbotones sin que policía, diplomático o funcionario de algunos de los niveles de gobierno logre detenerlo. Que marque la diferencia y rectifique el estado de cosas que vive México. Por el contrario.
Y de paso se extrañan algunos cuadros nacionalistas de la administración federal, que arropaban al presidente en turno, priísta, que de suyo eran más gente del sistema, que militantes partidistas. Muchos de ellos formados en la UNAM, semillero de profesionistas que con probidad, compromiso social y mesura, “cuerpeaban” una declaración presidencial con dato fresco, o con claridad planteaban el proyecto a ejecutar, y en esa acción sembraban certidumbre. (Preciso, que tal posición no es de apoyo para que el PRI “regrese” a Palacio Nacional, o en su caso, si fuera con aquellos cuadros, otro sería mi sentimiento).
El dislate del Secretario de Hacienda Ernesto Cordero, de asegurar que una familia mexicana puede vivir holgadamente con seis mil pesos al mes, pagar la renta de una casa, las colegiaturas y mensualidades en colegio privado al que acuden los hijos, agua, teléfono, luz eléctrica, comida, enganche y pago de la mensualidad del auto comprado en agencia, en fin, declaraciones perniciosas, ausentes de todo contacto con la realidad social de los mexicanos.
Pobres de nosotros, que tenemos que padecer a estos noveles burócratas de las universidades privadas, que ahora son gobierno y que nada o poco saben de la pobreza de nuestro pueblo. Que además, tampoco sienten.
Pobres de las generaciones que hoy andan en los 30 años, y de las que les anteceden, porque han sido quienes padecen y padecerán en extremo el modelo de desarrollo impuesto por los planificadores formados en las universidades extranjeras. Todo debe privatizarse: la economía, la política, los bancos, el gobierno.
Producto de ello son las 1400 empresas paraestatales que a precio de remate pasaron a manos privadas, de las que solo sobreviven PEMEX y la CFE. Con una evidente desindustrializacion nacional, el desmantelamiento del aparato productivo, la decreciente generación de empleo formal y el crecimiento del informal, que trae por consecuencia desempleo al alza y expulsión de mano de obra, una constante caída del bienestar social, y el avance irreversible hacia la pobreza y la miseria.
Por todo esto, las mentiras del joven Ernesto Cordero son insostenibles. Que nos diga la verdad del porqué México desde 2006 tiene un Producto Interno Bruto estancado; Porqué el índice de Inversión Fija Bruta esta en los mismos niveles de finales de ese año; Porqué los niveles de desocupación se mantienen en 5%, similares a los de inicio de este milenio.
El abandono que vive México, es similar al que vivió el Coronel Terreros durante su niñez y juventud, que nunca olvidó el origen de su tragedia, ni quien se la había provocado. Su resentimiento lo mantuvo vivo, con el deseo permanente de encontrar al responsable de su desagracia, a Juvencio Nava, que viejo y derrengado, 40 años después fue localizado.
Resulta que Juvencio tuvo que matar su compadre, don Lupe Terreros, padre del Coronel. A la muerte de don Lupe, le sobrevivieron su mujer y dos niños “todavía de a gatas”, pero la viuda pronto murió, “dizque de pena”, y a los muchachitos se los llevaron lejos, “donde unos parientes”, y nunca se supo de ellos, hasta que el destino hizo regresar a un hijo adolorido, para tomar la vida de quien le había causado el desamparado, de quien lo había dejando inerme frente a las vicisitudes de la vida.
Que conste, el paralelismo es solo de un cuento, de los 17 que tiene el Llano en Llamas en mi edición, que son retablos literarios, mismos que al desdoblar el texto, nos muestra fragmentos de una realidad que descansa en el alma de Juan Rulfo y en el imaginario social-colectivo de sus lectores.
Que don Ernesto Cordero nos resulte literario, que pena que el comparativo sea con una magnifica obra de Rulfo, y que el aludido jamás se entere que en cada mexicano existen coroneles Terreros, que no olvidan, ni perdonan. “Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache, para que no le duelan los tiros”.




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