POR “CONFUCION”, LA MUERTE DEL
Manuel del Ángel Rocha
El 15 de febrero en la carretera que comunica San Luis Potosí con Monterrey y el Distrito Federal, fueron interceptados y heridos (uno de ellos de muerte), los agentes estadounidenses Víctor Ávila y Jaime Zapata, asignados por la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en ingles), a la embajada de los Estados Unidos en la ciudad de México.
Ello propicio que en sus discursos, tanto de posicionamiento del gobierno estadounidense, como el de despedida de cuerpo presente (del agente Zapata) en la iglesia de Brownsville, Texas, la Secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, hiciera un fuerte reclamo al gobierno mexicano. Pero también en el senado mexicano, los parlamentarios más críticos al gobierno exigieron que se informara a esa soberanía en calidad de que, se encontraban en territorio nacional los agentes norteamericanos.
El hecho ha sido tomado por la clase gobernante estadounidense como una afrenta a su gobierno, al grado de despedir a Jaime Zapata como un soldado caído en guerra, con todos los honores de quien muere en una batalla combatiendo al enemigo.
Aunque muchas veces este enemigo sea artificial. Como artificial son las guerras que Estados Unidos crea en el mundo, para apoderarse de los bienes naturales y/o energéticos de la nación atacada, y a la par venderle la mayor cantidad de armamento, toda vez que el comercio de armas es un de los rubros mas importante de la economía del país vecino.
Jaime Zapata, el agente asesinado, dependía de la oficina situada en Laredo Texas, encargada del contrabando y tráfico humano, y a sus exequias no solo asistió Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad Interior, sino también su jefe, John Morton Director de la Agencia de Inmigración y Aduanas.
Al parecer el grupo agresor, los “zetas”, tenia bien identificados a los agentes norteamericanos, y conocían bien sus movimientos y las rutas por las que transitaban, aunque hallan declarado que su intercepción se trató de una “confusión”, por el “tipo de vehiculo” que utilizaban.
Pero como parte de los convenios binacionales México-Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, la DEA, esto es, el Departamento de la Lucha Antinarcóticos, prepara en tierra estadounidense a policías, militares y marinos mexicanos en inteligencia, estrategias y tácticas para cazar a los principales capos del narcotráfico nacional. Esta es una élite que goza de todas las confianzas del gabinete de seguridad de los Estados Unidos.
Entre este grupo de agentes nacionales, y estadounidenses en tierras mexicanas, existe una retroalimentación permanente para trabajar de manera conjunta y ubicar las rutas y los escondites de los capos en territorio nacional.
Este grupo es el símil del modelo que en suelo colombiano se encargó de cazar y abatir al narcotraficante Pablo Escobar Gaviria.
Esta corporación cuenta con aproximadamente 250 agentes selectos, que pertenecen a la Unidad de Investigaciones Sensibles (SIU, por sus siglas en ingles) mismos que desde 2002 son entrenados en la academia de la DEA en Quántico, Virginia, mas desde la óptica de ese Departamento, México tendrá que duplicar el numero de efectivos, porque para Estados Unidos el momento por el que atraviesa nuestro país, es critico y de alerta máxima, dada la inseguridad, el trafico de drogas, de inmigrantes y la cascada de homicidios permanentes en las principales ciudades fronterizas, del lado mexicano.
Al gobierno del país vecino le interesa la seguridad de sus fronteras. Alejar lo mas que se pueda el conflicto de su territorio, es parte de la estrategia de seguridad del Pentágono y el mensaje por la imponente ceremonia litúrgica al agente Zapata, es que este lamentable hecho no se repique ni a sus soldados, ni a sus ciudadanos.
Que los muertos los ponga México o cualquier otro país, que ellos seguirán proporcionando las armas, los dólares y los adictos a las drogas, que en aquella sociedad, consumirlas equivale tanto como tomarse un vaso de agua.
Pero del selecto grupo de agentes y militares mexicanos formados por la DEA para la lucha antinarco, muchos de ellos han muerto. Se sabe que por lo menos 20 de ellos han sido ejecutados por sicarios de los carteles que cuentan con la misma capacitación e información que estos agentes.
Ello se debe en gran medida a la cooptación, tanto de integrantes de las fuerzas armadas, como de la policía preventiva por parte de las bandas delictivas, que cuentan con información secreta y privilegiada sobre acciones conjuntas entre México y EU, así como la filtración sobre los movimientos tácticos-operativos, y de las tareas de inteligencia, peligrosidad y alta complejidad, que realizan conjuntamente los agentes mexicanos y norteamericanos.
Por ello resulta nada despreciable la hipótesis de asegurar que los agentes de Estados Unidos que trabajan para la DEA en territorio nacional, hayan sido delatados y emboscados por sus contrapartes. O a fin de cuentas, como lo revelaron los “zetas”, que la agresión fue accidental, al confundir a los agentes con una banda enemiga, que a la postre es pan con lo mismo, otro revés a la política antinarcotráfico que promueve hasta la saciedad el Presidente Calderón, con resultados escalofriantes por la cantidad de muertes inocentes que ha dejado a su paso.